Corporate Integrity

Con la entrada en vigencia en diciembre de 2009 de la Ley 20.393 -que establece la responsabilidad penal de las personas jurídicas en los delitos de lavado de activos, financiamiento del terrorismo y delitos de cohecho- el escenario en materia judicial de las empresas se ha vuelto más complejo. Dicha legislación fue la forma en que Chile dio cumplimiento a uno de los requisitos que se exigieron para poder ser miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y abrió la puerta para que las empresas puedan ser juzgadas penalmente por delitos que cometieron sus empleados.

La posibilidad de ser responsables penalmente cambió los paradigmas de las responsabilidad empresarial: impuso la obligación de hacerse cargo de los riesgos que generaba la actividad empresarial respecto de los delitos de cohecho, financiamiento de terrorismo y lavado de activos, lo que las llevó a adoptar modelos de prevención de delitos, lo que se conoce como compliance criminal.

En países de Europa y Estados Unidos, se ha avanzado mucho en la estadarización de las exigencias a las empresas. Legalmente, se establecieron las normas de la FCPA (Foreign Corrupt Practices Act) norteamericana o de la UK Bribery Act, y  la reciente ISO 37.001. Pero más allá de la normativa, un buen ciudadano  y un Buen Ciudadano Corporativo no es sólo el que cumple la ley, los estándares de exigencia legal no siempre son suficientes y muchas veces se espera un poco más de las personas, tanto naturales como jurídicas. Ello entonces fuerza una cultura corporativa en que se pueda anticipar una conducta adecuada tanto en el ámbito de la prevención de delitos, de la libre competencia, del trato a sus proveedores, colaboradores y empleados, del cuidado del medio ambiente, de la colaboración con la autoridad , entre otros. Esto se conoce como Integridad Corporativa. 

Hoy en Chile ya hay algunas empresas que están preocupándose de un modo muy serio en éstos ámbitos. BCP Abogados las ha acompañado en este proceso de integración y cambio cultural. El camino de la empresa moderna es la integración y colaboración a otra escala con la sociedad, y lo que se espera de los actores de la actividad económica es radicalmente distinto y más exigente.